
Envasaba a los camaleones en tarros medianos llenos de disolvente cuando más verdes estaban (si lo que deseaba pintar eran ventanas), o los situaba, de buena mañana, sobre papel de regalo, para las cenefas de la salita.
“Nunca colaboran –pensaba- Ya sé que no les debe hacer ninguna gracia, pero las causas son las causas, además si no chillan es que nada sienten”.

Se encontró mejor con el asunto enfocado y cogió a la niña en cuello: “¿De quién son estos ojitoooss?”
-Míos-
De negro estaba bien así que la dejó seguir jugando.
2 comentarios:
Julio, felicidades por tu blog, me parece magnífico, con buena literatura y muy buen diseño. Me quedé con la curiosidad de la autoría de los dibujos fotografiados. Gracias por tu mensaje. Espero que no te moleste, prefiero el tuteo.
Alejandro
Estoy de acuerdo con Alejandro. Es un "todo dialógico" que nos enreda en tu laridad, en tu blog. Desde el primer momento parece lo más familiar. A su vez hay algo mistérico, asombroso, fábula y realidad, luz y silencios, escritura y estupor, sensata locura, travieso surrealismo, febril pasión y terneza irrevocable.
Sigo buceando por aquí y ya te cuento.
Tu Viktor
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