lunes, 9 de marzo de 2009

Ipso Facto


Miras en el espejo la cara que ya no es tuya y aún así, esperas que te hable. Ves un hambriento cordón umbilical convulsionando en el vacío, al modo de las serpientes heridas que buscan aire donde saben que lo hay, pero no está en esa hora. Te das de bruces con él y contra el suelo. Eres mármol mientras se extiende la tristeza de la carne muda y los labios toman la textura de las nueces.
El espejo ya no es relevante porque mira a la pared y tú a la alfombra, frente contra frente, intentando un imposible mentalismo. No hay un cine donde se estrene el pasado cuando te vuelves tabla, sólo el cinismo de las pelusas.
Sabes que ya no hay más tiempo, sexo, tinta, hijos, risa, cartas, envidia, programas, café... Y quieres un último pensamiento, uno, porque casi ya no eres. Buscas las palabras que te sanaron, las que más te hirieron (ninguna será mentira: ¿De qué serviría engañar a las pelusas?) Y ya está. Es la muerte la que pasa en un soplo, vivir es largo, como ese cordón umbilical que ahora se afloja y ya no tiembla, y reposa a tu lado dando tus mismas bocanadas, allí donde estaba el aire.
"De escritos claramente oscuros"
Julio Obeso González

viernes, 27 de febrero de 2009

Víktor Gómez Ferrer (Leer con ojos de poeta)


La complicidad que tengo con Viktor es larga y ya puedo decir que viene de lejos. Hoy publico aquí un comentario que hace en forma de poema ( cambiarlo a prosa es culpa mía), sobre la lectura de otro mío. Sólo agradecer y agradecer: ¿Qué otra cosa se puede hacer con Viktor?


Los vértigos de la sangre en la herida ensanchada, enrojecen la noche: Hervir para sanar, ¿es posible? huesos pulidos acallan al corte con la piedra de afilar, una vida que parece un bosque.Talar la noche, tallar la noche, tachar la noche y sin luz beber el oscuro día.
Acaso este tendón que cuelga escribe renglones de signos indescifrables. Pero hacer nudo con él,ahogar la imposibilidad del salto o la música, eso, amada, jamás.
Si he de morir, sea con un caudal de asedios y fracasos, sea, vida mía, perdiéndome entre tus muslos cerrados.


VIKTOR GÓMEZ FERRER

lunes, 23 de febrero de 2009

Manifiesto desenamorado



Ya no es ojo la añoranza que mira

ni temblor el zumo que te nombra.

Doy en vértigo porque despierto

azotado por la lluvia.

Si hubo calor, sorpresa,

un algo juntos, un poco nuestro,

el hacha terminal cosió la boca

(piel que te sobra

-odio mío-

en este desgaste atroz de la memoria)

Podría pasar de largo,

no llegar nunca sin un manojo

de lápidas;

decir, la ternura que te dobla

no son mis manos y otros son los labios,

pero me mata el ruido

(vengativas colmenas

zumban en el reloj)

Podría manejar a ciegas el laberinto

calcular el rostro

que tendrás al fin del siglo.

Es tan evidente nostalgia de ararte,

de hundir, fecundar:

¡oh, antiguas cosechas!

que proclamo inservible

cuanto nace en la sangre

y no cunde.

Julio Obeso González

martes, 20 de enero de 2009

Del libro "Apócrifo y además mentira"

Aunque antes del carpintero
y la alquimia

desiertos y ciudades lo sabían
y los profetas lo sabían,
dicen que escucharle
...................acompañar su sombra
era como grabar peces
en el nombre del padre.




Qué confianza en su vientre:¿Ni un asomo?
Peces y certeza, un buen principio




¿Jugamos a soplar tallas
a sanar pájaros?
¡Elígeme a mí
...........a mí!
Quiero estar a la diestra
en tu equipo de tabas.
"Tú sí, tu no..."
¿No, yo no?
¡Ya te cogeré en algún huerto!



¿Qué padre me atiende?
-Y ella-:
"De hombre a hombre
es un tema delicado"
-Y él-:
"Es el hijo y tiene hambre"
(Piensa en la suya propia,
en la mirada esquiva de la mujer
cuando Nazareth se vuelve
carne de palmera)
Le gustaría que aquellas manos bajasen
a curar el miedo
a espantar las pesadillas:
¡Las manos del padre!;
pero está llorando
repite sin sentido:
........................"Tapadera"



Cuéntame otra vez lo del arca, no llores.
Piensa en tus muebles:
¡Qué milagro!
¿Cuánta carne mía se precisa
para una última cena?
Tú, con una mesa...



Bajo el sueño
el párpado del asesino
se cierra natural,
como un día terminado.
Plenilunio que resalta
el surco abierto a cuchillo.
¡Cae ahora,
interesa su aliento!
Nos sobran cosechas de muerte,
rebosa el silo.
¿Él sí y yo no?



Si creer aumenta el riesgo
y el gallo precipita su anuncio,
la soledad cenará árboles desnudos.
¿De dónde nace este miedo
a la madera?
Responde el eco.
La muerte es una pantalla.
¿Suficientes prodigios?
¿Hasta dónde pagas tú
el viaje?
¿No habrás sobrevalorado
la silla de tu diestra?
Él, vendía sus muebles sin usura.

Julio Obeso González

 

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