jueves, 11 de junio de 2009

En tiempo libre



Ya probé a girar alrededor
de un fetiche.
Le di hermosos ojos
para que llorase su carne,
una espalda bella
capaz de soportar
mis inclinaciones.
Alternamos por las fantasías
de mujeres increibles,
altas, largas, caedizas,
que decían amarnos más allá
de nosotros mismos.
Me sentaba a entenderlas
mientras ellos corrían
por el parque
y nos retornaban en sus bocas:
Lencería, hipotecas,
cocodrilos de Egipto,
libros, ternuras nuevas.
Ya probé a cambiar
el centro de gravedad,
pero sólo conseguí ver,
muy de cerca,
hormigas que no me dicen nada.

Julio Obeso González

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuántas veces podemos estallar de forma inoportuna Julio. Lo que aquí refiero de inoportuno, no és un poema inoportuno sino nuestra adherencia al poema mismo que refleja nuestro doble embate, tan firmemente agarrados come estamos, borrachos y mucho más a ese conglomerado fetiche, cogidos, apresados en tan firme estructura.
¿Hay que descartar nuestro vaiven que surge tantas veces a modo de oleaje?

Yo me apunto fiel a la estructura, de vino y de rosas, junto a éste poema para no olvidar Julio, para no olvidar la ida y la venida.

Logradísimo poema

Esmeralda Martí dijo...

Pero el creador tiene el poder de pintar ojos, contemplar fetiches, esperar la lluvia sentado en un parque...
El creador tiene, igualmente, una insaciable sed, la agonía de la espera, la avaricia de la palabra, el inconformismo, la duda, ese comezón ante la no respuesta oportuna...
Algún día el creador descubrirá una hilera de bellas hormigas negras que le alegrarán la tarde.
Besos

 

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