domingo, 2 de septiembre de 2007

SENECTUTE




“¡Desdichado de aquel anciano que durante toda su larga edad no ha visto que debe despreciarse la muerte! La cual, si con ella se extingue hasta la propia alma, no debe preocuparse y si, por el contrario, la ha de llevar a un lugar donde ha de ser eterna, es por lo tanto digna de ser deseada.” (CICERÓN, “SOBRE LA VEJEZ”)


Viejos signados con una obra en la frente
que era el canto del gallo en sus mañanas.
Bóvidos formidables uncidos con grúas
y dientes de reja sin labios.
Sus destierros desconocen lenguas
por los callos impermeables de las máquinas.
La muerte les llega tras la siesta o se acomoda
cuando era casi audible el cuerno del otoño.
¿Quién hereda?: El que menos ama.
¿Quién regresa?: El heredero.
¿Qué trae en su baúl inmediato?:
Un cuchillo de piedra.
Perfuma de pedernal una cóncava sandía
implicando con su sangre al maestro
(solitario al que siempre le faltó el as de oros).
El turrón desmigado es otra pista,
el troquel del billete como “oh” sorprendido
ante un Cristo de ojos cerbatana.
Viejos signados con una cruz en la frente.
Julio Obeso

martes, 28 de agosto de 2007

DECORADO PARA LA TRISTEZA


Puede ser maíz temblando de sed
o un violeta veneno en el vino.
Las espaldas son tristes, extensas, pero tristes.
No va más allá el azud
y sus jumentos prolongando yunques.
Algunos hombres son así:
Lomos de atunes fríos o
azules aves milenarias.
Los trombones ceniza, los centros de azucenas
o una torcaz bajo la cintura,
sedimentan en el ojo lóbregos camposantos.
Julio Obeso

jueves, 23 de agosto de 2007

MENCIÓN



En aquel olvido la vida no fue egoísta.
En el rumor del labio no existía tristeza.
El río cuidó desde el manantial lágrimas y descenso.
¿Untarse el párpado
o cerrar los ojos sin escrúpulo?
Estival memoria:¿Qué nombre?
Acaso hay un delta para lo innecesario.
En aquel olvido se congregaron quejas, sus ancianas venas
eran signos en el iris -colmena de cristal-,
zumbido de molesta trayectoria.
Posiblemente hubiese ocurrido.
Posiblemente sin rencor, sobre una cama.
Tristeza enredada, pero defendiéndote.
Ya no volverá esa evocación amparada en su dolor.

Julio Obeso

viernes, 17 de agosto de 2007

REFORMAS HOGAREÑAS



CAPITULO 1. REFORMAS HOGAREÑAS.

Envasaba a los camaleones en tarros medianos llenos de disolvente cuando más verdes estaban (si lo que deseaba pintar eran ventanas), o los situaba, de buena mañana, sobre papel de regalo, para las cenefas de la salita.
“Nunca colaboran –pensaba- Ya sé que no les debe hacer ninguna gracia, pero las causas son las causas, además si no chillan es que nada sienten”.
Se encontró mejor con el asunto enfocado y cogió a la niña en cuello: “¿De quién son estos ojitoooss?”
-Míos-
De negro estaba bien así que la dejó seguir jugando.
 

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