Su boca, menos de un tercio de esperanza, fractura de añiles, fría, tetánica. Todo esperaba de su muerte salvo la sombra. Bajo el fuego fatuo nada se mueve, respira, silba: Paz de los cadáveres ancianos. La longeva pulcritud de las tumbas es mérito de la digna labor que el olvido practica.
Cede, empapa, besa, con líneas finísimas, traza, y se desmayan las letras, los columpios altos rozan ángeles, estrecha fiereza de vapor, nube calma, lluvia carne, sangre eco , llovizna azul en brazos. ¿Dónde tú antes de ser? y aún ahora quema el qué será. Gonzalo ríe por el contagio de tu boca, se enloma el instinto, ni una gota entre tu pecho y su risa. Convocada queda la ternura bajo el signo del agua y dos manos transparentes, de pequeñas, desnudas.
Este es un vídeo hecho a partir de un trabajo en Powerpoint, pierde algo de calidad expuesto en la red, si a alguien le interesa para realizar algún montaje o reproducción, puede ponerse en contacto conmigo: julio.obeso.gonzalez@gmail.com y se lo haré llegar por descarga directa.Recomiendo que se vea a pantalla completa (botón en la esquina inferior derecha del reproductor con forma de cuadrado y flechas en las esquinas) soldados.avi (82.02 MB)
Son estas horas, cuando las cosas de la vida ya están hechas o aparcadas, las del encuentro. Una lectura, un piano, la imagen deseada, un sueño sin laberintos. Alrededor de la media noche, Thelonious Monk lo intuyó, somos seres auténticos, sin guardia. Baja una niebla lechosa y el aullido voltea el tiempo: Llega la noche..