viernes, 29 de febrero de 2008

-LI-



el día que Dionisio cerró la taberna
después de once mil días
menos las seis horas de su cuarto
el pueblo se llenó de vampiros
o seres muy pálidos
las mujeres comentaron
no pensé que aún vivía
no pensé que aún vivía aquí
no pensé que aún vivía aquí fulano
le creía muerto o lejos
y en cierto modo no erraban
............................................
tan extrañados de sí mismos
sin reflejos ni sombras
cortos de cielo justo/ se buscan por intuición
.............................................................................
antes cuando el vino envejecía lento
en las manos sin prisa del tedio
el corazón no sabía del dolor
y se entendían en un dialecto cinabrio
“jurro ho esdrrújulla ánfora acabag cortigo”
que es lo mismo que decir
eran su propia memoria o polvo enfrentados al cielo
murciélagos de piedra
de espaldas a Dionisio
que a su manera también les amaba

Julio Obeso González

miércoles, 27 de febrero de 2008

CUANDO LOS AMIGOS SE HACEN PALABRA (Comentario de Víctor Gómez Ferrer al poema:" A Mari Carmen"





¿cómo se llega de nuevo al claro del bosque, linde de la carretera?

Uno se despista por una tupida y laberíntica olmeda, respira un mapa de olores extraordinarios e intensos, pinta la zancada imposible de un millón de átomos reunidos bajo el nombre de vagabundo y se sube a unas ramas para divisar entre las bandadas de pájaros asfixiados de nubes estivales y el aire rojizo de la tarde el primer litro de materia eterna. Si, una suerte de espada licuada, voladora, que atraviesa solo a uno de cada setenta mil errabundos soñadores.

¿En que salmo de atardecer perdido oí por primera vez su reinante palabra, ese inabarcable mundo de sugerencias, adivinaciones, sinuosas maravillas y estrambóticos animales?

Era su voz, la del vagabundo extraviado en la belleza sin porqué, una voz que cosía y cosía a la noche una madre de ojos heptasílabos - Mari Carmen González -.

Si quise en algún momento volver al sueño que es lo cotidiano no supe como. Era el laberíntico bosque de su ardor una esfera dentro de otra. Y las moreras transparentes que sostenían ambas trazaban dibujos parecidos al vuelo de las golondrinas. Ahora si, ahora no.

Podría escribir en la seca corteza de un pino meditabundo o en las anchas hojas del avellano. Y escribiría sobre la voz que levantaba mundos, esferas, bosques, presencias. Pero nunca podría sacarlo de su no lugar. Así que me deje llevar por su alquímico alboroto de versos, imágenes, miradas hasta que me diluí con el rocío, ya muy entrada la noche de su canto.


Tu Viktor

lunes, 25 de febrero de 2008

A MARI CARMEN



mi madre se clavó un día la cesta de planchar
y otro día el mármol blanqueado con vinagre
se le envenenó la sangre y viajó
por sus arterias imaginativas
se le posaron ocho pájaros calculados desde el amor
una melancolía de nueces y algo más tarde o triste
como un crepúsculo que sin llegar a los ojos
encarcelaba con penumbra
¿y si no fuera mortal?
¿y si fuera una prueba?
¿y si dios la estuviese probando?
primero movió un dedo
/las monjas de Sta. Clara sacrificaron un loro/
después el pie que se parecía tanto a la fe
cuando pudo hablar era vieja o al menos cierta niebla:
“soñé con un nogal”
¿y si no fuera una visión?
¿y si dios nunca me hubiese probado?
más allá de la gangrena de la septicemia
mi madre ocupó su hamaca
y agradece cuando regresan sus golondrinas
ahora sí ahora no ahora sí ahora no

Julio Obeso González

domingo, 24 de febrero de 2008

-LXII-




se revuelve y mira como buscando un insecto
de aguijón pronto o un animal del aire
está claro que sufre aunque la tarde luminosa
le ama
y quisiera calmar un tanto el zumbar del miedo
rueda entre espumarajos
rueda por la acera
rueda dentro de una concha espiral
que se parecía a la de un caracol furioso
también deja su estela
con qué mimo vuelve la tarde
a levantarle y a levantarle
“no hay nada que mirar ¡márchense!”
y se arrodilla con lúcidas palabras
por si la cordura regresara a los ojos
que sólo veían ángeles
u otros animales del aire

Julio Obeso González
 

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