
Me resisto a pensar que soy un hombre viejo.
Ah, amigo mío: Qué lento ataúd.
Invento disparates, no sé:
“Mejor que nunca, aún bello, sexo activo,
pedernal”.
Las varillas que me vuelven severo
penetran huesos inviolables,
hablan asfalto
y comienzo los días -muy correcto-
en los pasos de cebra, en los diccionarios,
en los códigos, en las notarías,
en el oficio amanuense de los axiomas
largamente vendimiados.
Oscurecen mis ojos y las ropas
-ya casi cielo agorero-
premia la luz cualquier sorpresa,
y un día sin dolor se vuelve mandarina.
Cepillo la corteza que apuntala el aliento,
piso el aserrín del silbo.
Qué lento guarda mis cosas el olvido.
Julio Obeso González
2 comentarios:
Viejo, viejo... veamos, algún claro en la frente prominente y esa mirada pre-conciliar... bueno, en fin, digamos madurito resultón.
Tu Viktor
(Sin acritud)
¿Viejo tú?
Pero si aún llevas el tirachinas
en los bolsillos y churretes
en la cara, y cardenales en las
rodillas.
Será el tiempo que envejece al contemplarnos como nos hacemos más niños cada día.
Sácale la lengua y lánzale una
piedra. Tendremos una tregua.
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