jueves, 11 de junio de 2009

En tiempo libre



Ya probé a girar alrededor
de un fetiche.
Le di hermosos ojos
para que llorase su carne,
una espalda bella
capaz de soportar
mis inclinaciones.
Alternamos por las fantasías
de mujeres increibles,
altas, largas, caedizas,
que decían amarnos más allá
de nosotros mismos.
Me sentaba a entenderlas
mientras ellos corrían
por el parque
y nos retornaban en sus bocas:
Lencería, hipotecas,
cocodrilos de Egipto,
libros, ternuras nuevas.
Ya probé a cambiar
el centro de gravedad,
pero sólo conseguí ver,
muy de cerca,
hormigas que no me dicen nada.

Julio Obeso González

sábado, 23 de mayo de 2009

Del poemario "Noticias del tiempo"




El venerado TI- EM- PÓ
con peces luchadores en los ojos
y lotos en el pecho,
atravesó su vientre con la catana.
“No hay TI- EM- PÓ” –dijo-
yéndose con su sangre a la charca.






Aquel ciego se paró en los relieves.
Después dijo:
“Un reloj de sol es un objeto inútil”




A mis amigos:
Hablamos de ello
y en ocasiones lo celebramos.
Hubo tensión en la ruptura
aunque jamás sobró una copa.
¿Qué amaestraría ese tiempo?
Pienso en un ave milenaria,
aquella que no vuela
y se deja acariciar,
la que está siempre
al lado visible de las manos.

lunes, 4 de mayo de 2009

Julio Obeso de la Peña: Cuando el barro se hace mujer






-I-
Obedecen al amor tus manos,
qué difícil cálculo
esta geometría de agua y barro.
-II-
¿Eso somos, padre:
Necesitamos del artesano
para reconocernos?
-III-
Por ti sé que las mujeres
tienen brillos.
-IV-
¿Eso somos, padre:
Puntos luminosos
de una materia apagada?
-V-
La sensualidad de la piedra.
-VI-
¿Eso somos, padre:
El calor que nos construye
nos hace frágiles?
-VII-
Gira en el torno la vida.
Ninguna de las figuras
tienen nombre.
-VIII-
¿Eso somos, padre:
Anónimos visitantes
de la belleza?


Julio Obeso González

domingo, 26 de abril de 2009

Del poemario "Traspapelar la palabra"



¿Dónde queda mi mano
si te viola lo invisible?
Le llevaré una materia
de tibieza y piel,
algún señuelo que impida
el paso de la muerte
entre los dedos.
Se posará en ella
el pájaro que espanta
a la lluvia,
el del canto enloquecido,
el bebedor.
¿Cómo te llamo?
¿Responderás al antiguo
nombre de la vida?
Y: ¿Serás tú ?
Tendré que preguntar
por los pocos secretos,
aquellas palabras íntimas
que ahora
también conocerá la noche,
y no sabré si finge tu voz
alguna estrella.
Julio Obeso González
 

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